Decepcionante debut de la albiceleste

 Decepcionante debut de la albiceleste

Leo Messi se quedó en el centro del campo, mirando el suelo, rodeado del resto de compañeros de la albiceleste, arropado por los jugadores suplentes que saltaron al campo para animar a sus compañeros. Leo se quedó en el centro viendo la fiesta de los saudíes, que rezaban primero de rodillas besando el césped y después saltaban llevados por una alegría infinita. Bajó la cabeza Messi cuando Saleh Ashehri marcó en el 48 el primer gol saudí en ese gesto instintivo de lamento que tantas veces le habíamos visto en el Barça. Ya no levantó la cabeza Leo y sin él pidiendo el balón y haciendo jugar a su equipo no existe una selección argentina que es Messi-dependiente en todos los aspectos, el futbolístico y el emocional. El problema es que el líder de esta selección es Messi y todos le miran a él. Y cuando el líder baja la cabeza nadie se atreve a cuestionar sus gestos. Bajan la cabeza también.

La grada argentina estaba muda. Silenciosa. Increíble porque pareció contagiarse de la apatía del equipo y en todo el partido prácticamente no animó, como intuyendo, presagiando, sintiendo que Argentina no estaba bien. Antes del partido era una fiesta en los alrededores del estadio, cuando empezó el partido quedaron en estado de shock.

Leo Messi había lanzado el penaltito señalado por el VAR a cámara lenta, sin correr, despacito, colocando la bola sin apenas golpearla. Fue la metáfora del partido. Así jugó Argentina, así jugó Messi. Y mientras, los saudíes plasmaban sobre el terreno de juego lo que su seleccionador Hervé Renard había practicado en los entrenamientos pensando en Messi, tirando el fuera de juego milimétricamente, encerrando al Pulga, asumiendo riesgos, concentrados.

Callados. En la grada los más de 45.000 argentinos estaban callados. Sólo en el minuto 60 se arrancaron tímidamente respondiendo al apabullante jolgorio de la afición saudí. Pero estaban mudos porque habían puesto tantas esperanzas en el último Mundial de Messi, su quinta Copa del Mundo, otro récord para Leo, el primer sudamericano en jugar cinco Mundiales, que esperaban un festival desde el minuto uno. Y sólo vieron como el VAR se inventaba un penalti por un pseudo-agarrón a Paredes en el área – que si eso se lo pitan en contra a Argentina, Brasil o Alemania queman el VAR- y después como los tres goles marcados por la albiceleste eran en fuera de juego. El árbitro Slavko Vincic, esloveno, tiene en su curriculum un lamentable episodio en bosnia con prostitución y tráfico de armas en el 2020. Tuvo un arbitraje flojísimo, alargando la prolongación hasta la exageración.

Llevaba la albiceleste 36 partidos sin perder, después de ganar la Copa América parecía que estaban preparados para competir por la Copa del Mundo, pero el despiste tras los goles anulados les pesó. También anímicamente. Leo venía de marcar diez goles en los últimos cuatro partidos con la albiceleste pero en ningún momento supo como combatir la defensa adelantada saudí. Como si no hubieran preparado el partido.

Salem Aldawsari hizo de Messi. Su golazo es marca de Leo. Se vistió de Balón de Oro para dejar claro que el Mundial no se gana con la camiseta. Perder en el debut es durísimo y más en un grupo como el argentino. Messi tiene dos partidos para levantar la cabeza.

Jos M.C.

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