Joe Biden primer año de gobierno con un índice de aprobación negativo

 Joe Biden primer año de gobierno con un índice de aprobación negativo

El líder demócrata cumple 12 meses en la Casa Blanca, con una nación todavía dividida tras el mandato de Donald Trump, una pandemia que sigue siendo difícil de controlar y serios desafíos en los frentes económico y exterior.

En su arranque Biden se benefició de no comportarse como su antecesor. Con un perfil mucho más bajo y décadas de experiencia en Washington, y sin el histrionismo y las peligrosas tendencias populistas de Trump, el presidente demócrata se dedicó a reparar la posición y las alianzas de Estados Unidos en la comunidad internacional.

Además, en el frente legislativo y con mayoría en el Senado y la Cámara de Representantes, logró la aprobación de un paquete de estímulos y ayudas para mitigar el impacto de la pandemia por más de 1,9 billones de dólares. Ese mismo impulso sirvió para la ley de infraestructura con inversiones por otro billón de dólares. La entrante administración desplegó también un plan de vacunación que prometía cerrar definitivamente el capítulo de la pandemia para los norteamericanos.

No obstante, hacia mitad del año pasado, esta iniciativa de Biden empezó a frenarse y su agenda, interna y externa, a enredarse por varios factores. En lo internacional, la decisión de abandonar Afganistán a la carrera debilitó la política exterior de Washington. Las imágenes del regreso de los talibanes a las ciudades afganas recorrieron el mundo dejando a los Estados Unidos como el protagonista de una debacle militar y de haber dejado perder 20 años de guerra.

En lo doméstico, las nuevas variantes -delta y ahora ómicron- enrarecieron la estrategia de Biden que había puesto todos los huevos en la canasta de la vacunación masiva. La resistencia de un porcentaje no menor de anti-vacunas -muchos de ellos opositores republicanos-, el retorno forzado a restricciones, tapabocas y cierres de escuelas, y los peligrosos picos de contagios, deterioraron la inicial percepción positiva de los norteamericanos sobre la capacidad de la Casa Blanca de controlar el coronavirus.

A lo anterior se suman los distintos efectos económicos que la pandemia sigue desatando sobre no solo Estados Unidos, sino la mayoría de naciones en el mundo: una inflación disparada -en especial de los alimentos y combustibles-, las disrupciones en las cadenas globales de suministro que desembocan en escasez y un creciente pesimismo del consumidor.

En el frente político la administración Biden no ha podido impulsar un ambicioso paquete de gasto social y climático por 1,75 billones -que ayer el mandatario anunció que dividiría- y una reforma electoral, prioridad de la rama izquierda de su partido. Como si fuera poco, se equivocaron quienes apostaron a que, tras incentivar la fallida toma violenta del Capitolio, el expresidente Donald Trump sufriría el rechazo de su partido. Los republicanos son hoy igual de ‘trumpistas’ que cuando Trump gobernaba.

Tal como era de esperarse en una administración demócrata post-Clinton, América Latina ha sido una ausente de las prioridades de política exterior de Washington. La inmigración y los planes para América Central no han ganado mucha tracción en este primer año, mientras que estrategias económicas como las del ‘nearshoring’ y la relocalización podrían tener más empuje. Biden inicia su segundo año con la tarea pendiente de retomar la iniciativa, reactivar su agenda, manejar la crisis de Ucrania con Rusia y controlar, en algo, la pandemia.

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