Las teorías conspirativas del 11 de septiembre

 Las teorías conspirativas del 11 de septiembre

Décadas antes de que surgiera QAnon, muchos afrontaron la incertidumbre generada por los ataques terroristas de 2001 aferrándose a la existencia de una gran maquinación. Entre las ideas conspirativas que se extendieron: que fue un complot encubierto, que el plan se conocía de antemano y se profetizó, que se trató de una operación de falsa bandera o autoatentado y que hubo coincidencias cabalísticas o esotéricas.

Las teorías conspirativas no son nuevas sino que forman parte de la tradición de EEUU y se remontan incluso a la era colonial, como subraya este estudio editado por la Universidad de Oxford. Dentro de esa cultura de la sospecha, el 11-S fue un hito. Impulsó uno de los bulos/meme más conocidos de la historia, el del falso “chico turista” situado sobre una torre con un avión que se acerca por su espalda. También expandió ideas sobre complots y profecías que hoy perduran.

los atentados del 11 de septiembre de 2001 dejaron una serie de enigmas que nunca fueron fáciles de responder, y que, una vez explicados, fueron duros de aceptar. Al día de hoy, veinte años después de la tragedia que cambió el mundo, las respuestas aceptadas oficialmente no parecen despejar del todo la bruma de la sospecha.

¿Cómo se vivieron esas horas de máxima tensión en el búnker de la Casa Blanca? ¿Cómo se derrumbaron verdaderamente las Torres Gemelas? ¿Por qué el Pentágono recibió daños apenas moderados, si lo impactó un enorme avión de línea?

También quedan dudas sobre el incidente del Vuelo 93 de United Airlines, que se precipitó en Pensilvania. Y se especuló en abundancia sobre si el cerebro de los atentados, Osama ben Laden, fue abatido por los marines, como aseguró el Pentágono, o si acaso tuvo un destino distinto.

“Demolición controlada” y la incógnita de la Torre 7
Las llamas no destruyen el acero, y menos con la velocidad con la que se derrumbaron las Torres Gemelas. Ese es uno de los principales cuestionamientos que se hicieron respecto del atentado del 11 de septiembre, fundado por extensas evaluaciones de ingenieros y especialistas.

Las torres cayeron con una prolijidad implacable y no quedaron pruebas físicas: ni computadoras, ni material de oficinas, ni muebles. Prácticamente todo se redujo a polvo, sin siquiera haberse sucedido incendios de gran envergadura, sino fuego localizado en algunos de los 110 pisos.

La versión oficial apunta a que ambos edificios desaparecieron en diez segundos por el fuerte impacto de los aviones Boeing 767 combinados con la carga de combustible y el fuego que provocaron que todo se redujera a escombros, polvo y humo. Pero los escépticos no se convencen ante la evidencia de que los incendios duraron menos de dos horas y los testimonios de algunos empleados del World Trade Center, quienes afirmaron haber escuchado explosiones en paralelo a la llegada de los aviones; para ellos, los edificios se derrumbaron de una forma idéntica a la que suele verse en demoliciones controladas por material explosivo.

Una investigación del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos agencia que depende del Estado concluyó que los aviones dañaron las columnas de soporte de los edificios y causaron el desprendimiento del material ignífugo, encargado de evitar la propagación del fuego.

Dudas similares surgieron respecto de la Torre 7, de 47 pisos, ubicada detrás de la Torre Norte, al otro lado de Vesey Street. Aun sin ser estrellada por un avión, se desplomó a toda velocidad. El Gobierno estadounidense sostuvo que el edificio fue una suerte de “víctima” del ataque mayor y de las altas temperaturas alcanzadas en el interior, que provocaron fuego.

El reducido impacto al Pentágono
Para muchos investigadores es difícil creer que el edificio más custodiado de Estados Unidos puede haber sido atacado 78 minutos después que las Torres Gemelas es decir, cuando ya corría una advertencia hacia las fuerzas de seguridad nacionales e impactado por el avión del vuelo 77 de American Airlines, del cual no quedaron casi rastros.

El escaso registro fotográfico del atentado a la sede del Departamento de Defensa estadounidense; el bajo nivel de destrucción de las inmediaciones del edificio cables, postes de luz y otros elementos de la calle quedaron intactos y del edificio mismo, y el hecho de que el sector elegido para el ataque estuviera en obra en septiembre de 2001 profundizan las dudas.

Jos M.C.

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