Se descubre por qué el coronavirus deja sin olfato

 Se descubre por qué el coronavirus deja sin olfato

Los investigadores han entendido el mecanismo por el que se produce este síntoma, uno de los más típicos de la infección. Las causas que hacen sufrir la pérdida de olfato, de forma temporal o permanente, sin embargo, pueden ser muchas y vinculadas a otras patologías

Dos consorcios de investigación, el Global Consortium for Chemosensory Research y SmellTracker, nacieron el año pasado precisamente para estudiar en detalle lo que sucede con el sentido olfativo con la infección y a partir de los datos recopilados durante meses sobre decenas de miles de personas en todo el mundo, parece claro que las neuronas olfativas son objetivos del virus, independientemente de las variantes.

BULBO OLFATORIO
El efecto del virus sobre el sentido del olfato es tan claro que, como explica Sara Spinelli del Laboratorio Sensorial (DAGRI) de la Universidad de Florencia, que participa en la investigación, «el aumento de informes de alteraciones en el olfato y el gusto se considera un marcador del aumento muy precoz de casos y directamente relacionado con las hospitalizaciones, así como un índice de la eficacia de las medidas de distanciamiento: apenas cinco días después de un encierro disminuyen los nuevos casos notificados de alteraciones».

Inicialmente se pensó que el virus atacaba las neuronas olfativas a través de receptores Ace-2, los mismos que se usan para entrar en otras celdas; sin embargo, Sandeep Datta, neurobiólogo de la Universidad de Harvard, descubrió que estos receptores no son expresados por neuronas olfativas, sino por otras células que las rodean y por células madre que se encuentran en el bulbo olfativo, necesarias para reparar el daño frecuente al que son las células madre. Las neuronas sensoriales olfativas quedan expuestas al estar en contacto directo con el exterior.

DIFERENTES CAMINOS PARA LA CURA
¿Sutilezas de los investigadores? Todo lo contrario porque, como explica Datta, «el objetivo preciso del virus puede explicar por qué los pacientes que pierden el sentido del olfato tienen trayectorias de curación muy diferentes. En algunos la alteración es solo temporal porque solo se han dañado las llamadas células sustentaculares, que actúan como soporte físico y metabólico de las neuronas; en otros, el daño es tal que las neuronas mueren y pueden reformarse a partir de las células madre en meses, por lo que las anomalías olfativas persisten por más tiempo; en otros, el ataque del virus puede haber afectado a las células de soporte y las células madre, imposibilitando el crecimiento de nuevas neuronas y, por tanto, la recuperación de la función olfativa».

OLORES INCORRECTOS
La teoría de Datta también explicaría la parosmia y fantosmia, es decir, situaciones en las que el paciente siente que los olores no son correctos -el vino puede oler a gasolina, el champú a moho- o que no existen. Las conexiones nerviosas alteradas por el virus se «reconectan» mal durante la fase de reparación y esto daría lugar a vías de señalización olfativas anómalas.

«Según las investigaciones, la recuperación del olfato es más o menos lenta y completa según las características individuales; es más difícil a medida que aumenta la edad y la gravedad de la enfermedad, pero incluso los jóvenes que han tenido pocos síntomas pueden tardar meses en volver a oler», señala Spinelli.

«Sin embargo, existe la posibilidad de ayudar a los pacientes a recuperar el sentido del olfato, mediante un proceso de la denominada re-familiarización y kits de diferentes olores a oler para acostumbrarse lentamente: los estudios aún están en curso y hasta la fecha no se sabe qué protocolo garantiza los mejores resultados ni el tiempo necesario para la recuperación completa».

Por otro lado, el efecto negativo de la pérdida del olfato sobre la calidad de vida y el bienestar de los pacientes es cierto, así como sobre el cerebro: las áreas conectadas a la percepción de olores como el bulbo olfativo o el piriforme. La corteza se reduce, lo mismo ocurre en áreas relacionadas con el pensamiento racional y el control del movimiento, como la corteza cingulada anterior, o con el procesamiento de emociones, como el sistema límbico.

DAÑO CEREBRAL
Todo esto sucede sea cual sea el motivo que induce la alteración del olfato: el Covid-19 no es la única causa posible y, aparte de la reducción temporal propia de cuando tenemos un virus del resfriado, ahora está claro que los cambios en el olfato son un signo temprano de diversas enfermedades que afectan al sistema nervioso central.

De hecho, si el daño al cerebro involucra áreas olfativas, la capacidad de oler bien se atenúa y así, por ejemplo, hasta el 38% de los pacientes con esclerosis múltiple y aproximadamente la mitad de las personas diagnosticadas con demencia han tenido signos de pérdida de olfato unos cinco años antes de la aparición de los síntomas neurológicos.

En Parkinson las estimaciones de anomalías olfativas incluso oscilan entre el 45% y el 96% de los casos, tanto es así que en el Reino Unido se ha puesto en marcha un proyecto, Predict-PD, que mediante una prueba de olfato intenta identificar de antemano quiénes podrían verse afectados por el enfermedad.

«La pandemia está dando un nuevo impulso a la creación de pruebas para el olfato, pero de momento no se trata de exámenes que se puedan hacer en cinco minutos en casa, solo», especifica Spinelli.

«Las pruebas validadas son largas, se deben oler muchas muestras y se deben interpretar bien para comprender dónde está «atascado «el sentido del olfato. El objetivo, ahora, es crear otros más sencillos, rápidos y económicos para que puedan ayudar en la detección de Covid-19 y otras patologías o afecciones en las que el sentido del olfato se vea comprometido. Por ejemplo, también ocurre en muchos pacientes con cáncer que se someten a quimioterapia), gracias a programas nutricionales que tienen en cuenta las dificultades olfativas».

Jos M.C.

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