Sin Benzema el Real Madrid golea al Mallorca

 Sin Benzema el Real Madrid golea al Mallorca

Haciendo que lo difícil parezca fácil. Así ganó el Real Madrid en su partido dominical de horario extraño ante el Mallorca pues tuvo que remontar el tanto inicial de los baleares que de primeras complicaron las cosas. Sin embargo, un zapatazo de Valverde abrió el camino que siguieron Vinicius, Rodrygo y Rüdiger para seguir con la racha impoluta antes del derbi. Y todo ello sin Benzema.

Ancelotti cocinó un once al que le faltaba algo de picante. Sin Modric, por la rotación, y sin Benzema, por las circunstancias, el italiano dio aire a su equipo con caras nuevas. Las más llamativas, las de Rüdiger, Lucas y Ceballos. El utrerano fue el encargado de dirigir al equipo. Y lo hizo bien. Aunque volvió a demostrar que sigue en esa tierra de nadie tan confusa: es el más titular de los suplentes pero el más suplente de los titulares.

Con todo ello, el Madrid frenó el arreón inicial de un Mallorca valiente y se puso a buscar el gol. Pero no lo encontró. Quizás porque solo probó con disparos tímidos a veces entre palos y otras ni eso. No hubo centros laterales, ni jugadas trenzadas ni genialidades espontáneas. Y en ese escenario de querer y no poder, donde todos los rivales son peligrosos, el Mallorca encontró el hueco para pellizcar primero.

Ocurrió en una jugada a balón parado en la que la pareja Kang-In-Lee – Muriqi, confirmada ya como la más carismática de LaLiga, conectaron con un centro lateral del coreano y un remate inapelable del kosovar para adelantar a los suyos y soltar la bomba en el Bernabéu en el 35′ de partido.

Pero diez minutos más tarde, al filo del descanso, llegó la jugada del partido. Obra de Fede Valverde. El uruguayo agarró el balón en su propio campo, avanzó pegado a él superando a varios rivales y cuando llegó al balcón del área, le azotó con la izquierda para ponerla en la escuadra. Un golazo. Fue un Pajarito, fue un avión, fue Fede Valverde: una bendición para cualquier equipo por sus dotes y su don del esfuerzo. Difícil calibrar lo que costaría en el mercado.

Ya en el segundo plato del partido, el Madrid siguió donde lo había dejado, en lo de remontar. El Mallorca, por su parte, se achicaba en su campo tratando de coger aire con balones largos al estandarte Muriqi que eran soluciones momentáneas para problemas constantes. Aquello de afrontar una inundación con vasos de chupito.

Hasta que pasó lo que parecía que iba a pasar pero que nadie sabía cómo iba a pasar. Solo los brasileños. Primero Vinicius, que tras una jugada de Rodrygo se plantó en el área y en dos toques, control y tiro, batió a Rajkovic poniendo el 2-1 a quince minutos del final. Y después el propio Rodrygo en una aventura personal que salió a la perfección. Dos regates, un recorte y disparo cruzado para el 3-1. Otra vez los brasileños al rescate.

A partir de ahí, el Madrid nunca abandonó la sensación de tranquilidad al tener el partido controlado y sabiéndose superior e incluso puso la guinda con el estreno goleador de Rüdiger en la última jugada del partido. En conclusión, cinco partidos de Liga, cinco victorias. Y el estado de felicidad que no se marcha del Paseo de la Castellana.

Jos M.C.

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